Acuerdo petrolero EE.UU.-Venezuela: nuevo capítulo del intervencionismo en América Latina
El periodista Alejandro Kirk analiza el impacto geopolítico y económico del acuerdo energético entre Washington y Caracas
El reciente acuerdo petrolero entre Estados Unidos y Venezuela, que otorga a Washington control sobre una parte significativa de las reservas petroleras venezolanas, representa una nueva etapa del intervencionismo estadounidense en América Latina, según el periodista Alejandro Kirk. Desde Venezuela, Kirk señala que esta alianza no es solo un negocio energético, sino una estrategia geopolítica para reafirmar la influencia de EE.UU. en la región en un contexto de creciente competencia global, especialmente con China. El acuerdo fue anunciado en agosto de 2026 y se inserta en un escenario marcado por tensiones políticas internas en Venezuela y la preparación de elecciones legislativas en Estados Unidos.
- Acuerdo petrolero EE.UU.-Venezuela: nuevo capítulo del intervencionismo en América Latina
- El periodista Alejandro Kirk analiza el impacto geopolítico y económico del acuerdo energético entre Washington y Caracas
- Estrategia geopolítica y control energético
- Intervencionismo histórico y la “nueva Doctrina Monroe”
- América Latina entre la presión económica y política
- Perspectivas y riesgos futuros
Estrategia geopolítica y control energético
Alejandro Kirk, corresponsal senior de HispanTV con amplia experiencia en América Latina, explica que el pacto firmado por Estados Unidos y Venezuela se enmarca en una larga historia de intervenciones estadounidenses en la región. El presidente Donald Trump calificó este convenio como “el mayor acuerdo petrolero de la historia mundial”, con EE.UU. obteniendo control mayoritario sobre más de 65 mil millones de barriles de petróleo venezolano.
Kirk indica que, aunque sobre el papel EE.UU. controla el 22% de las reservas probadas de Venezuela —equivalente a ocho veces las reservas de México—, la producción real podría tardar años en iniciar. También advierte que el acuerdo es secreto, ilegal e inconstitucional desde la visión venezolana y fue diseñado en parte para fortalecer la posición política de Trump ante las elecciones legislativas de noviembre de 2026.
De la intervención militar al dominio económico
El periodista destaca que este acuerdo se firmó tras un intento fallido de secuestro del presidente venezolano Nicolás Maduro en enero de 2026, una operación que consideró decisiva en la estrategia estadounidense. Posteriormente, la Asamblea Nacional venezolana aprobó una nueva ley de hidrocarburos que elimina garantías constitucionales sobre la soberanía de los recursos, facilitando el control estadounidense sobre las ventas y beneficios petroleros.
Kirk describe este nuevo modelo como una forma “audaz, rápida, barata y fácil” de intervencionismo que busca no solo recursos energéticos, sino también ventajas políticas para la administración Trump y sus aliados económicos.
Intervencionismo histórico y la “nueva Doctrina Monroe”
Kirk contextualiza este acuerdo dentro de la tradición histórica del intervencionismo estadounidense en América Latina, que data desde el siglo XIX cuando EE.UU. consolidó su dominio en el hemisferio occidental. Según el periodista, la esencia de esta política no ha cambiado, aunque sí el equilibrio global de poder, con EE.UU. perdiendo hegemonía ante potencias como China, Rusia e Irán.
El periodista señala que el acuerdo con Venezuela también pretende frenar la participación de estas potencias en la región, reafirmando la idea de que América Latina y el Caribe son “propiedad” estadounidense, una interpretación que él llama “nuevo corolario Trump” de la Doctrina Monroe.
Washington ha creado además el “Escudo de las Américas”, una alianza militar con 16 países latinoamericanos que, oficialmente, busca combatir el crimen organizado, pero que Kirk considera un mecanismo para contener movimientos sociales y consolidar la influencia militar estadounidense en la región.
América Latina entre la presión económica y política
Kirk advierte que la presión de Estados Unidos para que países latinoamericanos rompan sus vínculos comerciales con China es “desesperada” y difícil de lograr, pues China es actualmente el principal socio comercial de la región. Esta situación ha generado tensiones internas entre las élites económicas, que mantienen intereses diversos.
El periodista también comenta el crecimiento de gobiernos de derecha en la región, atribuyéndolo en parte a la manipulación mediática y el uso de redes sociales para difundir miedo y desinformación, lo que crea mayor polarización y fragilidad política. Ejemplifica con Chile, donde el gobierno de José Kast ha impulsado leyes para gobernar por decreto y recortar impuestos a los ricos, lo que refleja tensiones sociales profundas.
Perspectivas y riesgos futuros
Alejandro Kirk advierte que el acuerdo petrolero con Venezuela puede ser un modelo para futuras intervenciones en otros países del Sur Global, aunque el fracaso de operaciones similares en Irán ha limitado su expansión.
Respecto a posibles nuevos objetivos, identifica a Cuba, Brasil y México como países que podrían ser foco de presiones o intervenciones, dada su importancia económica y soberanía política. En particular, destaca la posibilidad de que Brasil revise su doctrina nuclear ante amenazas externas, lo que podría alterar el equilibrio regional.
Finalmente, Kirk resalta que la resistencia venezolana y la estructura del chavismo han sido claves para evitar un desenlace más violento tras el acuerdo, y subraya que la respuesta interna de Venezuela será crucial en el futuro inmediato.
En suma, este acuerdo petrolero simboliza más que una transacción comercial: es un reflejo de las dinámicas geopolíticas globales y regionales que siguen marcando la política latinoamericana en el siglo XXI. Para más información sobre la política energética y soberanía en América Latina, se puede consultar el portal oficial del Gobierno de México.

